No fue solo un partido, fue una exorcismo. Andrés Carevic, frente al Club Sport Cartaginés que dirigió hasta hace poco, consiguió mucho más que tres puntos: le arrancó un peso de los hombros a su propio proyecto en Sporting FC. La victoria 1-0 del equipo albinegro no se mide en la tabla, sino en el alivio palpable de un entrenador y una institución que por fin vieron recompensada su fe.
“Vengo insistiendo en que el proceso era correcto”, declaró un Carevic visiblemente liberado tras el encuentro. Sus palabras, repetidas en ruedas de prensa anteriores casi como un mantra de resistencia, hoy encuentran un respaldo tangible. Los tres puntos actúan como un bálsamo de credibilidad, justo cuando las críticas por un inicio de torneo decepcionante -tres derrotas, un empate y apenas esta victoria- empezaban a hacerse estridentes. Las altas expectativas con las que Sporting afrontó el Clausura 2026 chocaban con la cruda realidad de la tabla de posiciones.
Lo más significativo es que el triunfo llegó ante un rival de peso. Cartaginés, lejos de ser una víctima propiciatoria, es uno de los equipos que mejor fútbol ha desplegado en el campeonato. Vencer a un cuadro de estas características, sólido y brumoso, imprime un valor añadido a la victoria. No fue un regalo, fue una conquista.
Con este resultado, Sporting FC logra escapar, al menos por ahora, de los puestos más bajos de la tabla general. Pero el verdadero logro es intangible: la ruptura de una racha negativa que pesaba como una losa, especialmente en el ataque. El equipo no solo volvió a ganar, sino que volvió a anotar, rompiendo un hechizo que amenazaba con condenar el proyecto.
Más que un paso en la tabla, esta fue una victoria para la psiquis del club. Carevic demostró, ante su pasado inmediato, que su presente puede tener futuro. La credibilidad, esa que se esfuma con cada derrota, ha recibido su dosis de oxígeno. Ahora, el desafío es demostrar que este no fue un destello aislado, sino la chispa que enciende la temporada.
