
La derrota deja números en la tabla, pero también deja una sensación que, para César Alpízar, es más reveladora que el simple marcador. Tras la caída ante Herediano, el entrenador de Puntarenas FC no escondió su descontento, pero su frustración no apuntó solo a sus jugadores o a la mala fortuna. Apuntó al corazón de un problema estructural del fútbol costarricense: la tiranía del calendario.
“Los partidos son sumamente cortos. No hay tiempo de trabajar“, sentenció Alpízar en la conferencia de prensa, dando voz a un malestar que recorre las bancas de media primera división. Su reclamo va más allá de una excusa. Es la constatación de una realidad que sofoca el proceso: la seguidilla de partidos, de miércoles a domingo, convierte la temporada en una carrera de supervivencia donde la preparación táctica y la recuperación física son lujos inalcanzables.
La paradoja porteña: buen juego, mal resultado
En medio de la tormenta de resultados negativos –3 derrotas y 2 empates en el Clausura 2026–, Alpízar se aferra a un faro: la actitud y la forma. “Creo que los muchachos están corriendo, metiendo, haciendo buenos juegos y dando espectáculo“, afirmó, dibujando la paradoja más dolorosa para un técnico. El equipo no se desploma anímicamente, intenta jugar al frente y genera fútbol digerible, pero choca una y otra vez con la frialdad de la tabla.
“Desgraciadamente los puntos no se nos están dando“, resumió con una frase que encapsula la esencia de la mala racha. El equipo crea, pero no define; compite, pero no cierra; ofrece espectáculo, pero no consigue premio. Esta desconexión entre el desempeño y el premio es lo que está metiendo al cuadro porteño, prematuramente, en la preocupante lucha por no descender.
La ocupación vs. la preocupación: el mantra del resistente
Frente a este panorama, Alpízar delineó su filosofía de trinchera: “Más allá de preocuparme, mi trabajo es ocuparme“. Este es el mantra del entrenador en crisis. La “preocupación” es pasiva, paralizante. La “ocupación” es la acción constante, el ajuste diario del esquema en los escasos espacios entre partido y partido, la búsqueda obsesiva de la chispa que convierta el buen juego en puntos.
El reto es monumental. ¿Cómo construir solidez táctica cuando no hay días de entrenamiento pleno? ¿Cómo corregir errores en defensa o definir sistemas de ataque en filmaciones apresuradas? La queja de Alpízar no es un lamento, es un diagnóstico. Señala una dinámica que castiga a los equipos con planteles menos profundos y margen de error cero, donde una lesión o una suspensión puede desbaratar lo poco que se ha podido ensayar.
Conclusión: Una voz en el desierto del calendario
César Alpízar ha puesto el dedo en la llaga. Su descontento trasciende la derrota ante Herediano y se instala en un debate necesario. Puntarenas FC, con su fútbol de “buen espectáculo” pero sin victorias, es el síntoma de un mal mayor: un campeonato que, en su ritmo frenético, privilegia la resistencia física sobre la idea táctica y castiga el proceso en favor del resultado inmediato.
El técnico porteño no pide clemencia, pide tiempo. Tiempo para trabajar, para moldear, para convertir esa actitud valiente en un equipo sólido y victorioso. Mientras el calendario no conceda ese respiro, Alpízar y su equipo seguirán librando dos batallas: una en la cancha, contra sus rivales, y otra contra el reloj, en una carrera donde el tiempo es el primer y más difícil oponente a vencer.