En Costa Rica, donde el fútbol es religión y el deporte parte fundamental de la identidad nacional, la relación entre las marcas de licor y los equipos deportivos es tan antigua como compleja. Desde los icónicos anuncios de Cacique en las camisetas de Saprissa hasta el patrocinio de Imperial en eventos multitudinarios, la publicidad de bebidas alcohólicas ha sido un pilar financiero para decenas de clubes, ligas y federaciones. Sin embargo, este matrimonio comercial enfrenta cada vez más cuestionamientos éticos, legales y sociales.
Una tradición con raíces profundas
La vinculación entre licor y deporte no es casual. En un mercado deportivo con limitados recursos empresariales para patrocinios masivos, las compañías de bebidas alcohólicas han sido de las pocas dispuestas a invertir sumas significativas y a largo plazo. Marcas como Cacique, Centenario, Ron Flor de Caña y la cerveza Imperial se han convertido en sinónimo de apoyo al deporte nacional, financiando desde camisetas de primera división hasta torneos locales de fútbol, boxeo, carreras de bicicleta y rodeos.
El caso más emblemático es, sin duda, la relación entre Distribuidora La Flor y el Deportivo Saprissa durante décadas. El logo de Cacique en el pecho del equipo morado era más que un patrocinio: era un símbolo de identidad para una afición que coreaba su marca en las gradas. Similar impacto ha tenido Imperial, patrocinador oficial de la Selección Nacional en etapas clave y presente en eventos como la Vuelta a Costa Rica.
La paradoja: financiación vital vs. mensaje contradictorio
El dilema ético es evidente. Mientras el Estado, a través del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), invierte en campañas para desincentivar el consumo de alcohol—especialmente en jóvenes—el deporte, que debería promover hábitos saludables, muestra logotipos de licores de manera prominente.
Los críticos señalan que esta publicidad:
- Normaliza el consumo de alcohol al asociarlo con el éxito, la camaradería y la celebración deportiva.
- Llega a audiencias jóvenes, dado que el deporte es seguido masivamente por niños y adolescentes.
- Crea una dependencia económica que vulnera a los clubes, haciéndoles difícil rechazar patrocinios de un sector con gran capital.
La Ley 9048 (Ley de Publicidad que Induce al Consumo de Alcohol), vigente desde 2012, impone restricciones: no se puede publicitar licor en eventos o medios dirigidos predominantemente a menores, ni usar deportistas profesionales como imagen. Sin embargo, la publicidad institucional en camisetas y estadios de fútbol profesional—considerado espectáculo para adultos—ha operado en un vacío legal que permite su continuidad.
Cambio de tendencias: presión social y nueva conciencia
En los últimos años, el panorama ha comenzado a moverse.
- El caso de la Primera División: La Unión de Clubes de Fútbol (UNAFUT) implementó un reglamento que prohíbe nuevos patrocinios de marcas de licor en la parte delantera de las camisetas desde 2022. Aunque no rompe contratos vigentes, marca un punto de inflexión. Equipos como Liga Deportiva Alajuelense ya han sustituido estos patrocinios por marcas de alimentos o telecomunicaciones.
- Presión internacional: Federaciones como la FIFA y la UEFA tienen políticas restrictivas sobre publicidad de alcohol en sus competiciones, lo que influye en los estándares locales.
- Responsabilidad Social Empresarial: Algunas empresas del sector han optado por cambiar el enfoque, patrocinando no al equipo, sino a fundaciones o programas sociales vinculados al deporte, buscando una imagen más asociada al bienestar que al consumo directo.
El futuro: ¿Hacia un modelo más saludable?
El deporte costarricense se encuentra en una transición incómoda pero necesaria. La dependencia histórica del patrocinio de licor choca con una creciente conciencia de salud pública y una evolución en la percepción social.
Las soluciones no son simples y requieren un esfuerzo conjunto:
- Por parte del Estado y las federaciones: Fortalecer alternativas mediante leyes de mecenazgo deportivo que incentiven a más empresas (tecnología, servicios, industria) a invertir en el deporte.
- Por parte de los clubes: Diversificar sus fuentes de ingreso y profesionalizar su gestión comercial para no depender de un solo tipo de patrocinador.
- Por parte de las empresas de licor: Migrar hacia un patrocinio más indirecto y asociado a valores, alejado del logo en la camiseta y enfocado en apoyar la infraestructura, las divisiones menores o el deporte comunitario.
Conclusión
El patrocinio del licor ha sido un mal necesario para el deporte costarricense: lo ha mantenido a flote en tiempos de escasez, pero a un costo ético que la sociedad ya no está dispuesta a ignorar. El camino a seguir no implica cortar de tajo una fuente de financiamiento vital, sino evolucionar hacia un modelo donde el deporte pueda ser sostenible sin promover, de manera directa, productos dañinos para la salud. El reto es grande, pero el partido más importante en este tema no se juega en el campo, sino en la mesa de negociaciones, en la conciencia colectiva y en la capacidad de construir un deporte que celebre la vida en todas sus formas.
